“Podemos enviar una carta certificada al cerebro para luchar contra el Alzheimer”

Fivan Enero 11, 2016 No hay comentarios
FIVAN entrevista a una de las científicas más importantes del CIPF.
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María Jesús Vicente, doctora en Ciencias Químicas, está al frente del Laboratorio de Polímeros Terapéuticos del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia y recibió una subvención de 1,7 millones de euros de la UE en 2015. Investiga la forma de transportar fármacos a diferentes partes del cuerpo para mejorar su rendimiento. El Alzheimer, las lesiones medulares y la esclerosis múltiple son algunas de las patologías que están en su punto de mira. En FIVAN nos hemos interesado por su trabajo, el de su más estrecha colaboradora, Aroa Duro-Castaño, y el de su internacional equipo, que en la actualidad está formado por más de veinte personas. Su día a día es nanométrico: necesitan microscopios de 60.000 aumentos para ver sus polímeros; harían falta más de un millón de ellos para llenar un centímetro cúbico.

Recientemente ha conseguido 1,7 millones de euros de la UE para desarrollar su investigación sobre los polímeros terapéuticos. ¿Para qué sirven?

El proyecto en particular persigue el desarrollo de la medicina personalizada en cáncer de mama, aunque podría alcanzar también a otras patologías, como el Alzheimer. Queremos desarrollar medicina personalizada para cada subtipo de paciente de cáncer de mama dentro de los descritos en clínicas: para ello diseñamos polímeros que llevan una combinación específica de fármacos y queremos saber qué diseño final es el más adecuado para cada subtipo de paciente. Los polímeros terapéuticos te permiten dirigir fármacos a un tumor o una zona de inflamación de manera eficiente, más específica y por tanto, con menor toxicidad. Podemos adaptarlos a fármacos de diferente naturaleza o a los cócteles de fármacos utilizados hoy en día para la mayoría de las patologías.

FIVAN entrevista a María Jesús Vicente, bioquímica del CIPF.

FIVAN entrevista a María Jesús Vicente, bioquímica del CIPF.

¿Sirven estos polímeros para transportar todo tipo de fármacos?

Se podría decir que sí, desde pequeñas moléculas a anticuerpos, proteínas u oligonucleótidos. Son diseñados para que una vez acumulados en la zona dañada, la presencia de condiciones concretas inicie la liberación del fármaco o fármacos de manera controlada y progresiva dependiendo de las necesidades de la patología a tratar. Por poner un ejemplo, nuestros polímeros son como un cartero que abre la carta solo cuando está seguro de que tiene el destinatario delante. Es decir, podemos enviar una carta certificada al cerebro para luchar contra el Alzheimer o a cualquier otra parte del cuerpo para combatir un tumor. En nuestro equipo hay  tanto biólogos como químicos, ya que intentamos entender muy bien la biología de la diana molecular para luego implementarla en el diseño del medicamento que queremos dirigir. El diseño para cáncer de mama es diferente al diseño para el Alzheimer, aunque la base del polímero sea la misma.

Uno de las aplicaciones de su investigación es la mejora del rendimiento de los fármacos contra el Alzheimer. ¿Cuál es su mecanismo de funcionamiento?

La diferencia principal del diseño con respecto a otros polímeros terapéuticos es que hay una barrera biológica, la hematoencefálica, que impide llegar hasta el cerebro a la mayoría de fármacos. Los polímeros transportan unos residuos proteicos, vectores que son capaces de cruzar esa barrera y depositar fármacos en el cerebro y en el sistema nervioso central. Hemos conseguido aumentar de cero a 1,5% la penetración de la dosis administrada, estamos en el camino. Queremos elevar el nivel de neuroprotección y así impedir el avance del Alzheimer.

¿Cómo se administran estos polímeros?

La novedad con respecto a otros procedimientos es que lo vamos a hacer de forma intranasal. Nuestros polímeros, como neuroprotectores y neuroregeneradores, no funcionan bien vía oral, y descartamos la vía intravenosa porque una inyección semanal es muy agresiva para un tratamiento crónico como el del Alzheimer. No hemos hecho pruebas con pacientes, estamos lejos aún, pero sí con animales, y hemos comprobado a través de marcadores que los polímeros llegan al cerebro, sabemos que se acumulan en unas células más que en otras y que no son tóxicos. Lo hemos comprobado a través de radiación, resonancia e imagen óptica.

¿Qué fármacos son hoy en día más efectivos contra el Alzheimer? ¿En qué porcentaje puede mejorar su eficiencia la investigación que está llevando a cabo?

Los fármacos que están en el mercado son paliativos, no hay ninguno que prevenga ni que restaure los daños en el Alzheimer. A nivel paliativo podemos hacer que llegue más cantidad, lo que permite dosis menores, acarrea menos efectos secundarios y tiene más efecto. Pero el mismo vehículo puede transportar nuevos fármacos que puedan identificarse.

En FIVAN se practica rehabilitación a personas con Alzheimer. ¿Es compatible la rehabilitación con la medicación?

Claro, es compatible y sinérgica. Está comprobado que en todo tipo de lesiones, también en las medulares, es muy importante la rehabilitación física y la estimulación eléctrica, y me consta que las terapias que se aplican en FIVAN son muy efectivas. La combinación de terapia y fármacos hace que las cosas vayan mejor y aumenten las posibilidades de éxito.

¿Qué os parece el trabajo que se lleva a cabo en FIVAN con pacientes de Alzheimer?

Me parece perfecto, muy interesante, ellos utilizan tratamientos que son compatibles con nuestro trabajo. Por ejemplo, la cámara hiperbárica es altamente compatible con nuestras terapias: una mayor presión en tumores o zonas inflamadas facilita una mayor acumulación de polímeros terapéuticos en las zonas dañadas debido a una mayor permeabilidad vascular y eso permite que nuestros fármacos lleguen mejor a las zonas de recuperación.

Equipo del Laboratoria de Polímeros del CIPF.

El equipo del Laboratorio de Polímeros del CIPF, integrados por más de veinte investigadores. Especialistas de más de diez nacionalidades han formado o forman parte de él. Foto: CPIF.

Aparte de su investigación, ¿qué otras en la Comunidad Valenciana tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de personas con daño cerebral o enfermedades neurodegenerativas?

En la Comunidad Valenciana conocemos el trabajo de José Viña, que investiga temas de envejecimiento y es de los más reconocidos. José Manuel García Verdugo trabaja con el microscopio electrónico e intenta entender morfológica o patológicamente cómo se comportan las neuronas. Y aquí en el CIPF están Consuelo Guerri y Vicente Felipo, que investigan principalmente sobre neuroinflamación. El profesor Felipo lidera una estrategia de investigación a nivel autonómico en colaboración con personal de La Fe y del Instituto de Investigación Sanitaria (Incliva) en este campo.

¿A qué nivel situaría a la Comunidad Valenciana en los contextos nacional e internacional de la investigación médica en el campo del cerebro y la neurología?

Como es conocido, en la Comunidad Valenciana hubo recortes hace unos años, pero desde entonces la aportación se ha estabilizado. A nivel nacional hay comunidades que están mejor y otras peor que nosotros. Fuera de España, por ejemplo, en Reino Unido han repartido treinta millones de libras entre tres centros de Oxford, Cambridge y Londres para investigar el Alzheimer. Esto no pasa en España, estamos peor que muchos países europeos: habría que invertir más en cualquier tipo de investigación, es una apuesta de futuro. Al final nos toca acudir a la empresa privada y a la UE. Si no consigues dinero europeo no puedes investigar con calidad suficiente.

Aroa Duró, del Laboratorio de Polímeros del CIPF

Aroa Duró-Castaño, postdoctorada del Laboratorio de Polímeros del CIPF y autora de la tesis en la que se basa parte de la investigación subvencionada por la UE. Foto: FIVAN.

Acceder a una subvención del Consejo Europeo de Investigación no es fácil. ¿Cómo lo ha conseguido?

La base para conseguir este tipo de ayudas es tener un buen grupo de investigación, una buena idea y un buen currículum. Este programa europeo de excelencia investigadora, el European Research Council (ERC), tiene tres tipos de ayudas: starting, para ayudar a investigadores a establecer sus grupos de investigación, la nuestra, que es del tipo consolidator, para investigadores con un grupo de investigación ya consolidado, y la advanced, para investigadores más senior con proyectos de cierto riesgo. Normalmente tienen una duración de cinco años.

Científicos británicos aseguran haber descubierto una vacuna contra el Alzheimer. ¿Qué valoración hace de este anuncio?

No disponemos de suficiente información para una valoración fundamentada. La noticia que ha aparecido en medios españoles no se corresponde con lo que hemos podido encontrar en medios internacionales, son dos informaciones diferentes sobre un mismo anuncio. Sabemos que ha habido ensayos clínicos con vacunas que se han paralizado porque causaban neuroinflamación. Pero ojalá sigan adelante y tengan éxito.

¿Tiene previsto seguir investigando sobre temas neurológicos?

Sí, tanto en Alzheimer como en lesión medular, y tenemos además un proyecto para esclerosis múltiple. La mitad de nuestros proyectos son sobre cáncer y la otra mitad sobre regeneración, casi toda de carácter neurológico.

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