“Mi hijo tuvo una hemorragia cerebral y me pusieron una orden de alejamiento”

Fivan Enero 25, 2016 No hay comentarios
Mario Quintanilla en brazos de la fisioterapeuta de FIVAN.
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La historia de Cristian, Saray y su hijo Mario es la crónica de una dolorosa injusticia. La pesadilla de esta familia empezó cuando el pequeño tenía cuatro meses. Sufrió una hemorragia cerebral y lo llevaron al hospital: sus padres fueron acusados de malos tratos cuando los médicos vieron los síntomas. Les quitaron la custodia y el pequeño tuvo que ir a vivir a casa de sus abuelos maternos. Un problema que se agravó tras una nueva hemorragia: acusaron a Cristian de haber reincidido y dictaron una orden de alejamiento contra él. Afortunadamente, todo quedó aclarado en el verano de 2015. Nos citamos con Cristian y Mario en la clínica FIVAN, donde el pequeño recibe sesiones de fisioterapia.

La cara de Cristian Quintanilla refleja el calvario que ha vivido los últimos quince meses. En octubre de 2014, su hijo Mario sufrió una hemorragia cerebral durante una siesta. Tenía solo cuatro meses. “Se durmió y no reaccionaba, no lo podíamos despertar, no abría los ojos, estaba hipotónico. Rápidamente lo llevamos al ambulatorio y tardaron casi una hora en reanimarlo. Después vino el SAMU y se lo llevó a La Fe. Tenía hemorragia cerebral subdural y hemorragia retiniana”, rememora Cristian el inicio de la pesadilla, cuando aún no sospechaba lo que estaba por venir.

Acusados de malos tratos

Comenzó a vislumbrarlo al día siguiente, cuando les comunicaron que Saray, su mujer, y él estaban acusados de malos tratos y que les iban a retirar la custodia de Mario. La sorpresa de ambos fue mayúscula. “Los síntomas que presentaba Mario eran idénticos a los que se pueden observar en un niño zarandeado: hemorragia cerebral, bajo tono muscular y puntos de sangre en los ojos”, recuerda Cristian. “Tuvimos que ir a declarar a comisaría y nos anunciaron que Mario se quedaba en desamparo y el hospital se quedaba con su custodia hasta que se aclarase todo. Aunque nos dejaron seguir con él en la habitación… Un poco raro”.

El padre de Mario Quintanilla.

Cristian Quintanilla, padre de Mario, durante la entrevista en FIVAN.

Después de veinte días le dieron el alta. Según explica Cristian, “tuvimos que rellenar los documentos para que la custodia se la quedaran mis suegros y el niño no tuviera que ir a un centro de la conselleria”. Pero la pesadilla estaba lejos de finalizar: “Mario no llevaba ni una semana en casa de mis suegros, volvió a sufrir una hemorragia y se desmayó. Lo llevamos de nuevo a La Fe y nos volvieron a acusar de haberlo zarandeado. Les retiraron la custodia a mis suegros y a mí me pusieron una orden de alejamiento, porque pensaban que era yo quien lo maltrataba. A mi mujer le dejaban entrar a verlo una hora tres días a la semana”.

Hasta 30 ataques epilépticos al día

A raíz de estos episodios, Mario quedó con atrofia cerebral severa, hidrocefalia y problemas de visión. Y no sólo eso, añade Cristian: “Empezó a tener ataques de epilepsia, tenía entre veinte y treinta convulsiones diarias. Estuvo tomando diferentes medicaciones que no le hacían efecto hasta que nos recomendaron que lo viera el doctor Herranz, en Santander. Hasta allí que nos fuimos y afortunadamente, le cambió la medicación y en 24 horas, Mario dejó de tener ataques”.

Aunque la situación de Mario se estabilizaba poco a poco, su familia estaba lejos de recuperar una mínima normalidad. Saray tuvo que ir a vivir con el niño a casa de sus padres. Mientras, Cristian se veía obligado a permanecer en la casa familiar para cumplir con la orden de alejamiento. Fueron momentos muy duros, capaces de desestabilizar cualquier familia. Por fortuna, no a la que forman Cristian, Saray y Mario. “Un problema así te une más o te termina de destrozar.  Gracias a Dios, a nosotros los problemas nos han unido más. La familia nos ha apoyado mucho. Los golpes de la vida te hacen más fuerte. Lo que yo he tenido que aguantar no se puede ni explicar. He pasado muchas noches sin dormir”, asegura Cristian, que no niega haber sufrido la sombra de la sospecha en Aldaia, donde trabaja, y en Alaquàs, donde reside: “Hubo gente que me retiró el saludo y he sido objeto de miradas inquisitivas”.

Un forense salvador

La situación de Cristian empezó a cambiar cuando un forense examinó todos los datos de que disponía el juzgado. “Desde que Mario tuvo el primer derrame, explicamos que en la familia de mi mujer hay antecedentes de hiperlaxitud, una enfermedad provocada por exceso de colágeno, circunstancia que produce una presión excesiva en los vasos sanguíneos y puede producir hemorragias espontáneas. Saray tiene familiares que han sufrido dolencias similares. Pero no nos hacían caso”, lamenta Cristian. El forense lo tuvo claro, y además destacó que el niño no tenía marcas de malos tratos ni la familia tenía antecedentes de conflictividad. Mario tiene diagnosticado el Síndrome de Ehlers-Danlos.

Mario y sus padres, Cristian y Saray, en el festival benéfico organizado con el objetivo de recaudar fondos para el tratamiento del pequeño.

Mario y sus padres, Cristian y Saray, en el festival benéfico organizado con el objetivo de recaudar fondos para el tratamiento del pequeño.

Tras once meses con la orden de alejamiento, los tres últimos con derecho a visitas fines de semana alternos, Cristian recuperaba pleno derecho sobre su hijo. Fue en septiembre del año pasado. Una fecha que coincidió con la primera visita a FIVAN, a la que Cristian aún tuvo que acudir sin su hijo: “En AVAPACE, donde Mario acude a diario para hacer logopedia, hidroterapia y fisioterapia, hemos conocido a personas en situación similar a la nuestra. Una de ellas nos habló de la cámara hiperbárica y nos recomendó venir a FIVAN para tratar a Mario. Así lo hicimos”. Tras hablar con el doctor Chirivella, se decidió que Mario sólo recibiría fisioterapia en FIVAN. “El doctor Chirivella descartó la terapia hiperbárica porque Mario es aún muy pequeño. El niño, aunque evoluciona lentamente, va cada vez mejor. Hace mejores apoyos, se mueve mucho más que antes, tiene mucha más fuerza, está mejorando. Antes no reía nunca, y ahora con cualquier cosa que le hagas se ríe un montón. Cuando le dices algo parece que te presta atención, y eso antes no pasaba. Los ejercicios que intenta aquí en FIVAN cada vez los hace mejor. Trabajan mucho la estimulación visual y sonora”.

Un hermano para Mario

Mario es hijo único y la pregunta flota en el ambiente: “¿Os habéis planteado volver a ser padres?” Cristian sonríe. “Hay un niño en camino, Saray está embarazada de cinco meses”. La segunda pregunta es obligada: “Y no tenéis miedo de que os vuelva a pasar lo mismo?”. Asiente  con la cabeza antes de contestar: “Claro. Le han hecho pruebas a mi mujer y de momento todo está bien. Le harán una amniocentesis y una biopsia para ver si el niño tiene el síndrome. Y si vemos que le va a pasar lo mismo que a Mario, tenemos consentimiento médico y legal para interrumpir el embarazo”. Un segundo hijo les ayudaría a superar su frustración. “Todos nuestros amigos son de nuestra edad y tienen hijos. Cuando los ves correr y piensas que el tuyo no es capaz de hacerlo, no puedes evitar establecer comparaciones y preguntarte: ¿Por qué nos ha tocado a nosotros?”, reconoce Cristian.

Mientras llega el hermano de Mario, Cristian y Saray están completamente volcados en dar todos los cuidados necesarios a su hijo para que mejore su estado de salud. Por eso hacen rifas, han celebrado un festival benéfico, recogen tapones, organizan conciertos y otras actividades con los que recaudan los fondos que sufragan los tratamientos que recibe el pequeño. Hasta tienen un grupo de Facebook: Todos con Mario Quintanilla. Pincha si quieres conocer más sobre la historia de Mario.

 

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Fivan

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